A finales del Renacimiento, cuando los ciervos se hacían cada vez más raros, la nobleza inglesa quiso crear un perro resistente y veloz, adecuado para la caza del zorro. Nació así el Foxhound, fruto de cruzamiento entre el Greyhound, el antiguo Staghound, algunos Terriers e incluso el Bulldog que entonces no tenía la constitución del actual sino que era más alto sobre las extremidades y con una relación entre parte anterior y posterior, menos brusca.
Este perro se convirtió rápidamente en el orgullo de la nobleza en el arte venatorio para las grandes cacerías a caballo, con jaurías muy numerosas.
Ahora está demostrando ser una raza popular, tanto en el ring internacional como para animal de compañía: alerta, fuerte y fiel. El australiano sólo necesita un buen aseo diario con un cepillo de cerda. Como tiene un manto resistente a la intemperie, se le puede tener en perrera exterior, aunque la mayoría de la gente lo tiene en casa.
Hasta hace poco tiempo, se calculaba que las jaurías existentes solamente, en Inglaterra, eran más de cien. Fuera de los países anglo-sajones, este perro es poco conocido y utilizado incluso, porque en la Europa continental existen diversas razas de sabuesos que se adaptan mejor a las diferentes realidades ambientales en las cuales deben cazar. En América, por último, se ha fijado una raza de Foxhound americano de tamaño un poco inferior al de la inglesa.
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